¿Por qué no reconocerlo? Tenía miedo, para peor por primera vez había logrado un trabajo que me podía permitir salir de la malaria. Desde febrero era visitador médico en un laboratorio internacional y aunque eso no me había impedido acercarme al sindicato con el segundo recibo de sueldo y afiliarme, esto era otra cosa. Tres días antes había ido al gremio a preguntarle al secretario general si nos plegábamos a la marcha y donde concentrábamos. El tipo me dijo que sí, pero le daba vueltas a decir si nos juntábamos antes en algún lado. Pensé que era por seguridad, pero al rato nomás entendí que no pensaba ir y que su pertenencia a CGT Brasil era más de boca que otra cosa; "que había que esperar tiempos mejores", "que eran una seccional de un sindicato intervenido", "que una cosa es Ubaldini, pero en Lomas el que estaba al frente era un tipo jodido" "que había que proteger a los compañeros", etc., etc. Cuando comprendí que lo único que quería proteger era su "puestito", terminé el mate y me fui.
Yo había quedado sin contactos desde el 79, cuando uno de mis responsables cayó y del otro no supe más nada. Con la seccional estaba claro que no podía contar, pero decidí ir igual.
Ese 30 trabajé a la mañana en el Hospital Español y al mediodía salí a ver médicos para terminar pronto.
Estaba solo y sin una mínima medida de seguridad, lo único que se me ocurrió fue traer un par de fichas de médicos de un consultorio de Piedras 83, por si la cana me paraba camino a La Plaza (esas fichas y mi valija de visitador, me hicieron vivir más tarde un momento gracioso, visto desde hoy, otra historia que ya contaré) y darle mi dirección a un compañero, que tenía teléfono en su casa, y acordar que si no lo llamaba a una hora determinada fuera hasta la mía a avisar.
Cuando crucé solo la 9 de Julio, el silencio que había retumbaba, o tal vez era mi corazón, no sé. Había pocos autos y mucha gente caminando por las veredas, la mitad cumpas que parecían ir al mismo lugar que yo y la otra mitad canas de civil.
La columna de la CGT Brasil todavía no aparecía y sin saber muy bien que hacer, empecé a caminar hacia La Plaza.
Cruzando Piedras me encontré con un cumpa que conocía de la militancia en el PB. Se arrimó, y en el abrazo me dijo bajito: "caminemos juntos, buen disfraz el saco, la corbata y el portafolio" Sonreí y le dije que no eran disfraz, que después le contaba.
Estábamos a la altura de Chacabuco cuando se escuchó un ¡Viva Perón Carajo! La mitad nos pusimos a cantar la Marcha y la otra mitad se quedó dura, sin saber a quién agarrar. De la nada apareció la Guardia y empezaron los gases y las corridas. Cuando nos plantamos, a la cana que estaba en Chacabuco entre Rivadavia a Avenida de Mayo, desde un edificio público les tiraron hasta con pocillos de café y la hicimos retroceder.
Aguantamos lo que pudimos, al final terminé con un grupo en un hotel que ya no existe, Chacabuco, donde el encargado nos abrió la puerta. No vi al cumpa, pero descubrí que en el grupo estaba Emilio del Guercio, el ex bajista de Almendra, pero el momento no daba para canciones, la Guardia entró y a bastonazos nos sacó afuera y nos puso contra la pared. A los 40 minutos llegó un celular y nos cargó a todos, por suerte, antes pudimos lograr que una compañera se escapara.
El celular anduvo levantando más compañeros y de ahí a la 6°.
Imagínense la cara del botón que después de gritar: "Todos abajo, con las manos en la nuca" vio bajar a un tipo de saco y corbata con una mano en la nuca y una valija de visitador en la otra.
Segunda parte: Un visitador médico en la 6°.
Estaba muy pesado el clima ese 30 de marzo y en el celular, ni les cuento. Para los que no han tenido el gusto les cuento que, por dentro, tiene un pasillo central con pequeñas celdas a los costados y dos, un poco más grandes, al frente. Un compañero de portuarios, con el que habíamos ayudado a escapar a una compañera, me dijo vení a la más grande y nos ordenó a todos que nos pongamos sobre las rejas para que los canas se crean que estaban repletas las y no suban a más compañeros. Ya en el viaje me preguntó de dónde era, le conté que era visitador y que con ese verso me iba a ir, pero que no se preocupara, que los iba a esperar afuera hasta que saliera el último. Me miró fijo y me dijo: “estás en pedo, nos vamos a quedar un rato largo. Le convidé un cigarrillo y le dije, ya vamos a ver. Cuando llegamos a la 6°, el policía abrió los ojos al verme bajar del celular de saco y corbata, con una sola mano en la nuca y la otra llevando una valija de visitador pero, inexplicablemente, no hizo nada. Nos formaron a empujones y gritos en el patio de la comisaría, yo dejé el maletín al costado de mi pierna y puse las dos manos, ahora si en la nuca y al lado mío el portuario. Pasó un rato largo, trajeron más detenidos, algunos con heridas de balas de goma. Mientras tanto armaron un par de mesas al costado de la fila de los que seguíamos con las manos en la nuca. De repente escucho que uno de saco y corbata, con pinta de jefe, le pregunta a un subordinado: ¿Y ese con esa valija? No sé, le contestó, lo trajeron en el celular ¿Alguien se la revisó? Creo que no mi comisario ¿Pero ustedes son boludos? ¿Y si tiene una bomba? El portuario dibujó una sonrisa, mientras los escuchaba, yo seguía mirando al frente como si nada. Usted, gritó el comisario, yo miraba para adelante. Usted, el de corbata. ¿Yo señor? le pregunté, sí, me contestó, venga para acá. Arranqué sin el portafolio y el tipo, que ya traspiraba me dijo: No, traiga la valija también. Cuando volví a buscarla lo miré al cumpa y le dije bajito: te espero afuera, al portuario le costó aguantar la carcajada. ¿Qué tiene ahí? Me preguntó el comisario. Muestras médicas le contesté, soy visitador médico. ¿Y que hace acá? Lo miré fijo y le dije: Ustedes me trajeron. Los cumpas de la fila largaron una carcajada sonora. ¡Cállense la boca! Gritó el cana ¿me está cargando? Usted me preguntó y yo le contesto, le dije. El tipo sin saber bien que hacer me dice que ponga la valija “despacito” sobre la mesa. Yo sobre actuando la apoyo despacio, el cana me dice que la abra y aunque parezca mentira, mientras la iba abriendo el comisario y dos o tres que estaban alrededor se iban corriendo para atrás con tanto miedo que ni siquiera escucharon cuando el portuario hizo “Boom” desde la fila.
Por supuesto que nos pasaron a todos a patadas al calabozo y yo, con 29 años, aprendí que los trabajadores, además de luchar, nos podemos reír en la cara de los milicos y que la alegría es también una forma de resistencia.
*Julio Macera pertenece a APM, Asociación de Agentes de Propaganda Médica (visitadores médicos) y es el actual Secretario Adjunto de CTA Capital Federal
Por supuesto que nos pasaron a todos a patadas al calabozo y yo, con 29 años, aprendí que los trabajadores, además de luchar, nos podemos reír en la cara de los milicos y que la alegría es también una forma de resistencia.
*Julio Macera pertenece a APM, Asociación de Agentes de Propaganda Médica (visitadores médicos) y es el actual Secretario Adjunto de CTA Capital Federal

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