Guillermo A. Vergara, peronista, tucumano, geólogo , nos deleita con un relato de su creación:
"EL GORDO MARCÓ, MI TORTURADOR PREFERIDO"
Lo conocí en el verano del ’75. Muy caluroso, demasiado, como todos los estíos de La Rioja. Había un grupo subversivo, autodenominado “los manyines”, integrantes, su mayoría de organizaciones guerrilleras (y anexas) que teníamos un denominador común: nos copaba el vino y el folclore. En el acceso al Dique Los Sauces, en la falda del Velazco, está La Quebrada, por donde circula un arroyuelo de aguas más ó menos “no tan sucias”. Este flujo era captado, y circulaba por piscinas, de calicanto, donde, cuando el alcohol hacía sus estragos, chapoteábamos como criaturas. El paraje era algo más fresco que la tórrida ciudad, más acogedor aún con grandes vasos de “Montonero” tinto, bajo generosa cubierta de hielo. Ya las tiras se doraban en la pantagruélica parrilla, el gallego Peña tenía afinada la guitarra, y comenzó, tímidamente a entonar “chayita del vidalero, te nombra en las tardes el vino y el sol…” (himno nacional de los mamados riojanos), Y llegó el “Gordo Marcó”, introducido al grupo por un cumpa que advirtió, sin embagues “amigos, el gordo es de los servicios del ejército, así que de política no se habla…”. Se hizo un silencio pesado, que algún extrovertido rompió “bueno, gordo buchonazo, encantado”. El aludido nos dió a todos la mano…y llegó a mí… ¿te conozco?...y, La Rioja es chiquita…Siguió la joda, recité “he de volver, algún día, camino de Cochangasta…escucharé el tierno silbo de las casuarinas altas, veré las viñas maduras, besaré tierra riojana…Obvié, por razones de “inteligencia” mis ulteriores glosas sobre Felipe Varela y el Chacho.
Cantamos hasta el amanecer, y el “servicio”, no demasiado desafinado, tenía una voz chillona, inconfundible.Los ojos vendados, las manos atadas en la espalda, un golpe terrible en el estómago, y la voz, tan peculiar, del “gordo”, me gritaba al oído: “vos sos del FAS. Hablá del congreso del Chaco.” Y siguió todo ese día la ininterrumpida golpiza, preguntándome sobre “Ledesma” (a quien no conocía), y el FAS (donde no participaba).Métodos de “resistencia” a la tortura, así los definían…No tenían que ver con el aguante al dolor físico, sino con jugar una buena partida de ajedrez con el interrogador. En el momento que te detienen, es inevitable saber quién habló, las dudas son ¿cuánto contó?, y, en ese contexto, ¿qué sabía de mí?Como mi antecesor en la cadena ya tenía diez meses preso, todas esas incógnitas las tenía bien racionalizadas. Lo complejo del caso, como percibí entonces, era que me acusaran con circunstancias y personas desconocidas.Al finalizar el hábil coloquio, me llevaron a una sala contigua, donde el “gordo”, a solas me preguntó por el cumpa que lo llevó al asado “Fulano, ¿en qué andaba?... ¿era amigo de la joda, no más? Claro, le dije, como yo…E, inexplicablemente, me palmeó el hombro.Y, siguieron los “tratamientos”, que no cabe describir. Pero, al fin de una parrilla, volvió con el tema de “su” amigo. Fulano, ¿era marxista?...No lo sé, quién sabe…lo seguro es que le gustaban, como a muchos, las guitarreadas, con abundante vino…Si, claro (aplicando la “máquina”) pero ¿estaba en la joda subversiva? No lo sé, oficial, por más que me dé, no voy a inventarlo. No soy oficial, pelotudo, soy ingeniero ó doctor…Y dejó de darme, y supo que lo reconocí. “Si no querés que empiece de nuevo, contestame, Fulano ¿tenía algo contra los militares?...Mire, señor, él se caga de risa de todos (gran verdad, en el fondo), no tiene broncas con nadie, conmigo era buen tipo, eso es lo que me importa.Y entendí que el “gordo”, Teniente Alfredo Eugenio Marcó, tenía sus amigos, sus lealtades, códigos, que le dicen. ..Y fulano, gracias a él, con alguna colaboración mía, jamás fue detenido. Menos mal, porque era un cuadro militante del guevarismo.
En 1986, viviendo en Tucumán, con la paz inmensa de la democracia, entramos una noche, con mi señora, a tomar un café en un barcito cerca de casa. Era un local angosto y alargado, nos localizamos en una mesita, casi al fondo. Mi compañera, mirando hacia adentro, yo, a la calle. Enciendo un cigarro, levanto la vista, y allí, a cinco metros, sentado de frente, el gordo. Nuestras miradas se cruzaron, su tez rojo sanguínea se puso como el papel, tiró unas monedas en la mesa, y salió en veloz carrera. Reaccioné tarde, y, cuando llegaba a la puerta, él subía en un taxi de la parada. Nunca entendí bien el porqué de su miedo, son intrincados los recodos de la conciencia.
Hace un par de meses, la prensa difundió el imprevisto “suicidio” del gordo, en su casa de “La Quebrada”. No estaba imputado de nada. En el programa subsiguiente, Hebe de Bonafini, menciona el “misterioso suicidio” del gordo Marcó, que ella suponía fue un homicidio, para garantizar su silencio.Y se llevó a la tumba todos los secretos del crimen del “Pelao” Angelelli.Porque cuando mataron a Monseñor, él estaba muy ocupado, torturándome.Les debe haber dicho a los “civiles desconocidos” (muy conocidos, por cierto) que el “no se comería garrones ajenos”. Y “respetables señores” de la sociedad riojana, pasarían el “bochorno” de ser imputados como asesinos.Y me dio verdadera pena la muerte del “gordo”, una víctima más del militarismo genocida, y de los cobardes que usaron a las fuerzas armadas para saciar sus odios, mediocridades y frustraciones.
Y recordé una de las violentas pláticas, con el gordo: “porque vino tu colega, el pelado Hugo César Núñez, al regimiento, a tirarte mierda hasta cansarse”. ¿Y ustedes le creyeron? ¿Creés que somos boludos, Amilcar? Era evidente que lo movilizaba la profunda envidia que te tiene… ¿Envidia?...Soy un “seco”, ando a pata, no tengo casa… ¿Qué me puede envidiar ese infeliz, con chalet de lujo y auto último modelo? Ay, geólogo, a veces sos tan pendejo que das risa. Odia algo que jamás va a tener…tu inteligencia.No creo en Dios, ni los cielos, ni el infierno. Si algo existiera, “gordo”, sería bueno que, si no reflexionaste en vida, dispongas de tiempo para hacerlo, en estos momentos. Nunca es tarde para arrepentirse. Y si volvemos, no tengas que salir corriendo, ni yo perseguirte, porque quizás recalemos en un lugar mejor, donde no gobiernen los odios."
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