La reciente revelación en el programa de Lanata sobre los pagos del gobierno a los artistas por su participación en eventos oficialistas, así como los distintos subsidios a productos televisivos y/o cinematográficos produjo un revuelo que aun dura, entre los distintos sectores involucrados.
Indignados exigiendo que el estado deje de subsidiar a la cultura y se ocupe de temas a los que ellos, de ser gobierno, no tomarían en cuenta por un lado y por el otro, tipos que defienden políticas que no mejoran la situación de los trabajadores, levantando la bandera del derecho al trabajo bien remunerado. Ni tanto ni tan poco.
Digámoslo claramente: un estado al servicio del buen vivir debe garantizar la educación, la salud y el trabajo digno pero, además, tiene un rol indelegable en la promoción de la cultura y el arte. Eso no debería ser discutido, si el estado no subsidia la cultura esta queda, como en otros temas, en manos del mercado y el negocio privado.
Es falaz la disyuntiva hambre o cultura o vivienda versus arte. La cuestión a discutir es otra y surge de la confusión estado y gobierno.
Lo que el gobierno hace es subsidiar amigos y/o aplaudidores, algo muy distinto a sostener la cultura y ese debería ser el centro del debate y no cuanto se “gasta” en el arte o cuánto cobra un artista.
¿Es posible garantizar esto? Claro que sí y la forma mejor es justamente hacer lo contrario a lo que hace el gobierno hoy.
Lo primero es abrir el debate sobre el modelo cultural que pretendemos, definición que no debería quedar en mano de los funcionarios de turno (Cosia, Abal Medina y hasta De Vido) y ni siquiera de artistas y/o gente de la cultura solamente.
El modelo cultural debe ser debatido por el conjunto de la sociedad y plasmado en una legislación que garantice su cumplimiento efectivo. Los números de la política de subsidios, por su parte, deben ser públicos para poder ser controlados y auditados por sus beneficiarios, es decir, nosotros.
La cultura es siempre una construcción colectiva y por su carácter está alejada de burócratas y oficialistas. El arte, por su lado, tiene el rol de poner en discusión lo establecido y es por eso que poco tiene que ver con los gobiernos de turno.
Estas definiciones no son utópicas y hay ejemplos concretos en el mundo de que es posible llevarlas adelante. Claro que, como tantas otras cosas, depende de la voluntad política de hacerlo y eso es lo que parece faltarle al gobierno.
* *Julio Macera pertenece a APM, Asociación de Agentes de Propaganda Médica (visitadores médicos) y es el actual Secretario Adjunto de CTA Capital Federal

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